watch me.

30 de marzo de 2010

Same Blood

Igual.
Lo mismo de todas las noches.
Un portazo que despertaba mis peores pesadillas.
Que todo acabara.
Y cada vez se hacía más real.

Todas las noches se convertían en un calvario después de la cena. No sabía exactamente qué nos pasaba. Éramos felices y todo era perfecto. Pero ahora... había algo que no funcionaba. Durante el día todo era amor y caricias, pero ya con la comida sobre la mesa, comenzabamos a discutir sin motivo. Qué yo no hacía nada por él, que él no hacía nada por mi. Que quizá nos sacrificabamos por nada.

Gritos, discuciones, amenazas... portazo y adiós.

No volvía hasta la tarde del otro día.

Ya no sabía qué hacer.
Tan solo lloraba toda la madrugada, sin dormir. En la mañana, bajaba a la cocina, le preparaba su desayuno para recibirlo, y nada. Él nunca llegaba a esa hora. Y yo lo sabía. Pero no perdía las esperanzas.
Cuando Tom decidía regresar, se encerraba en el estudio, y podía escuchar sonar su guitarra por horas, hasta que entraba la noche... y salía a buscarme para pedirme disculpas. Yo nunca lo dejaba, simplemente lo besaba. El día se volvia eterno sin él a mi lado, y mucho más si el problema real era que estaba enojado.

Yo le pedía que nunca me dejara, él me prometía que nunca lo haría. Me besaba el cuello, yo le besaba su mejilla, para continuar con su boca. Nos sentábamos abrazados, rogando que ese momento no terminara. Pero ambos sabíamos que así iba a ser.
Tarde o temprano así iba a ser.

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