[...]
Abrieron mi cortina despacio. ¿Era Tom? Si era él, ese olor era el suyo, olía a fresco, a limpio, a hombre, pero seguía oliendo a Tom, su olor ahora era inconfundible para mí.
-Bill… - susurró - ¿estás dormido?
Yo hice como que sí pues no me moví, noté como se hundía el colchón a mi lado, note su presencia, empezó a tocarme el brazo estrujando suavemente con los dedos.
-Bill – me volvió a susurrar muy bajito, esta vez lo oí más cerca, en mi oído.
Yo me moví y giré la cara entornando levemente los ojos.
-¿Hmm? – fue mi respuesta. Vi que llevaba una camiseta blanca lisa, es la camiseta que se pone para irse a la cama, sus rastas estaban escondidas en un gorro pegado a la cabeza, a menudo también se lo ponía para dormir.
-Hola… – me dijo sonriendo.
-¿Qué pasa? – mi voz sonaba afónica.
-Veras, es que quería decirte una cosa. – pasó un brazo por mi cintura mientras se echaba a mi lado por encima de las mantas, yo le hice sitio.
-¿Qué cosa? – mi hermano sonrió y me dio un corto beso en los labios, cuando se despegó es cuando habló.
-Me he dado cuenta de que no puedo estar sin ti, que si tú no estás a mi lado yo dejo de respirar, que necesito sentirte cerca. Sentir que te quedas conmigo, que me eliges por encima de cualquier persona y que me deseas tanto como yo te deseo a ti, y no estoy hablando solamente de sexo. Aunque hacer el amor contigo sea algo que me llena en todos los sentidos, ese placer que siento cuando noto que eres mío y que me encanta compartir contigo. Porque yo nunca he dejado de hacerte el amor desde la primera hasta la última vez hace un par de horas. Quiero que te des cuenta de lo increíble que eres y de lo mucho que me llenas. Eso es lo que siento. Ahora solo respóndeme ¿Quieres estar conmigo? ¿Quieres ser mi chico Bill?
Me dolía el pecho… me dolía mucho.
De mis ojos hace rato que brotaban lágrimas silenciosas, sentí como que me asfixiaba, como si todo lo que acababa de decir se hubiese acumulado en mi interior y se quedaba allí, llenándome, tal y como el me decía. Mi hermano se me acababa de declarar y yo era condenadamente feliz.
Me acababa de pedir que fuese su novio, que locura ¿no?
Sin decir absolutamente ninguna palabra asentí con la cabeza mientras me abrazaba a su cuerpo intentando compartir con él esta felicidad que ahora mismo me embargaba.
Si era yo… Era a mí…
Fue a mí a quien dirigió esas palabras…
-Yo también a ti, Tom… - respondí aun con mi cabeza enterrada en su pecho.
-¿Hmm? ¿qué dices..? – susurró él.
-Nada… nada, que eres un cursi.
-Jajajaja bueno a veces me da la vena melosa, ya sabes.
-Pues me encanta. – dije estrujándole con mis brazos.
-Pues me alegro – respondió el dándome un suave beso en la frente.
Y así permanecimos durante varios minutos más, antes de besarnos con una calidez y una ternura que me da vergüenza describir. Para finalmente separarnos y abandonarnos, yéndose cada uno a su cama, como se supone que debería ser.
[...]
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