"Deja que acabe", pensé.
Tres meses.
Tres largos y profundos meses.
En ninguno de esos malditos días dejé de pensar en él.
Todos mi esfuerzos fueron en vano. Y no crean que no intenté, porque por Dios que intenté olvidarlo.
Me hacía daño saber que yo no ocupaba en su corazón el lugar que él ocupa en el mío. (Y digo hacía porque aprendí a vivir con ese dolor, ya no lo siento)
Medicamentos, droga, alcohol, amigos falsos... todo y más para sacarlo de mi mente.
Un día, sin más ni más, se aparece a festejar en mi cara lo bien que se lo pasa. ¡Lo bien que se lo pasa! ¡Tres meses de intención! Y él... lo bien que se lo pasa.
No le di importancia, y sonreí como siempre.
Y él no lo notó.. o no quiso notarlo.
¿Idiota? ¿Él? No, ¿quién sigue enamorada? Yo, exacto, aquí la única idiota soy yo.
- Ven con nosotros si quieres.
Eso dijo cuando vi que mis ojos se llenaron de lágrimas, por que él arrastraba a una cualquiera afuera del lugar... ¡un momento! ¿Que vaya con ellos? ¿A dónde? El muy idiota planeaba una fiesta sexual con la desgarbada puta esa, y quería que yo fuera.
¿Eso es malo o bueno?
Dios, no puedo pensar así simplemente por el deseo de estar con él.
Vivo exigiendome a mi misma cosas que sé que no puedo lograr por el sólo hecho de querer impresionarlo.
No. No voy a ir.
Abri mi boca, y esto salió:
- Seguro, ¿que vamos a hacer?
- Divertirnos. - dijo.
Mi corazón ardiendo. ¿Dolor, celos, excitación? ¿Quién juega una moneda?
Y aquí vuelvo, después de tres meses al mismo lugar.
El resultado de todo esto es igual de patético que el comienzo: estoy atascada contigo.
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