Siempre hay un patético día del mes en que me doy cuenta hasta dónde llegue. Lo que hago, por qué, con quién... ¿hasta dónde llegaré?
Llego el día. Me siento patética, sola, aburrida, con frío, y sin saber muy bien por qué estoy haciendo todo lo que hago. Me consuelo diciendo que es por mi bien... ya sea para salvar mi pescuezo, o por el simple hecho de librarme de todo y de todos. Pero después pienso, ¿de verdad quiero esto?
Sí, lo quiero. Quiero salir adelante.
Quiero librarme de vos.
Quiero poder caminar sola.
Soy una desesperada.
Soy dramática, soy testaruda.
Soy miles de cosas y aún así no sé definirme.
Cómo agradezco que hayas aparecido en mi vida, Cielo.
Voy a tatuarte en mi cuerpo... para siempre llevarte conmigo, para poder mirar tu nombre y poder recordar qué estoy buscando. O simplemente para llevarte, por el orgullo de saber que yo te conocí.
¿Tatuarte? ¿Es necesario? A penas se conocen.
¿Y con eso qué?
Estás mal de la cabeza.
Noticia vieja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario