Ya no recuerdo el día que te vi (llevo tantos años amándote), pero sí puedo recordar qué sentí y qué me dijiste.
Algo atolondrada por no conocer a nadie... preguntaste si me sentía bien, ya que no dejaba de mirarte. Te dije que no...
- ... ¿podrías acompañarme al patio? Necesito aire fresco.
- Claro, vamos.
Fue gracioso y tierno. Tu cara tomó un aire de preocupación (y a penas me conocías) y al instante me tomaste de la mano, por simple seguridad.
Eso fue todo. Mis piernas temblaron, mis ojos se perdieron, mi corazón perdió el control... me enamoré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario